DEPORTES

Caos y tradición en Inglaterra El 'Atherstone Ball Game', el juego más salvaje del mundo

Mientras gran parte del mundo celebra con desfiles y disfraces, el pequeño pueblo de Atherstone, en Warwickshire, se transforma cada año en un escenario de combate medieval. Miles de personas se congregaron este Martes de Carnaval para participar en el ’Atherstone Ball Game', una tradición que cumple 825 años y que ostenta el título no oficial del deporte más brutal del planeta.

Lo que para un extraño parecería una batalla campal en plena calle principal, para los habitantes locales es el día más importante del año. Los negocios se protegen con tablas de madera y las ventanas se sellan ante la marea humana que está por desatarse.

Dos horas, una pelota y ninguna regla

La premisa es engañosamente simple: una pelota de cuero pesada, rellena de agua para evitar que sea pateada demasiado lejos, es lanzada desde el balcón del club de justicia local. A partir de ese momento, el tiempo se detiene. Durante dos horas, una masa de cientos de hombres y mujeres lucha por la posesión del objeto.

A diferencia del fútbol moderno, en Atherstone no hay equipos definidos, ni árbitros, ni campo de juego delimitado. El único mandato histórico es: "No matar a nadie". El resto —empujones, forcejeos y montoneras humanas— es parte del espectáculo que define la identidad de este pueblo desde el siglo XII.

El honor de ser el último en tocar el balón

La intensidad alcanza su punto máximo en los últimos 30 minutos. El ganador no es quien anota un gol, sino quien tiene el balón en su poder cuando suena el silbato final. Los participantes suelen formar "scrums" o melés humanas masivas donde el balón desaparece bajo una montaña de cuerpos.

"Esto no es odio, es amor por nuestra historia", comentaba un participante cubierto de barro y sudor. "Mi abuelo lo jugó, mi padre lo jugó y ahora estoy yo aquí. Es lo que nos hace ser quienes somos".

Un milagro de supervivencia cultural

A pesar de los intentos modernos por regular o cancelar el evento debido a su naturaleza violenta, el pueblo de Atherstone se ha mantenido firme. El juego solo se ha cancelado un puñado de veces en ocho siglos, sobreviviendo incluso a guerras mundiales.

Al final del día, el ganador se retira con el balón como trofeo y el pueblo regresa a su calma habitual, limpiando las calles y retirando las maderas de las vitrinas, orgullosos de haber mantenido viva, un año más, la tradición más salvaje de Inglaterra.

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